¿Culpa o responsabilidad?

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Todo efecto tiene una causa, toda acción genera una reacción. ¿Pero qué pasa cuando utilizamos un término distinto? ¿Que pasa cuando decimos “eso pasó por culpa de…”? ¿Somos realmente conscientes de lo importante que son las palabras que utilizamos y los conceptos asociados a ellas? Como explico en mi artículo El poder del pensamiento la energía que emitimos se ve influenciada por nuestros pensamientos, evidentemente las palabras que utilizamos y la manera que tenemos de hablar y expresarnos refleja la misma idéntica energía de nuestros pensamientos. Tal y como explico en el artículo esta energía tiene una importancia crucial no solo en nuestro bienestar, sino también en los acontecimientos cotidianos de nuestra vida. Cuando hablamos de culpa, refiriéndonos a la causa que ha generado un determinado efecto, estamos en una vibración muy baja. El concepto de culpa o culpabilidad encierra de por sí un significado negativo, de allí la baja vibración. Además esta palabra en el vocabulario común siempre nos recuerda un error, una equivocación. Cuando culpabilizamos a otros estamos juzgando y proyectando hacia afuera nuestra frustración por el resultado obtenido, aunque creamos que no dependa de nosotros. Cuando hablamos de culpa estamos alimentando el rencor y el victimismo, alimentamos la dualidad bueno/malo que representa la necesidad de juicio que tiene el ser humano. La culpa realmente no nos trae nada bueno, al contrario nos impide evolucionar y liberarnos de los antiguos patrones.

Todo cambia en nuestro interior y también en nuestro exterior cuando sustituimos la palabra culpa por la palabra responsabilidad. La responsabilidad es un concepto que tiene una vibración más neutra. La responsabilidad es la verdadera causa, es una acción que mecánicamente provoca una reacción, es un hecho. El concepto en si está libre de juicio, es objetivo. Así que eligiendo el término responsabilidad por un lado estamos evitando una energía de baja vibración y por el otro estamos evitando el juicio. Pero lo más importante de todo es que hablando de responsabilidad estamos evolucionando, estamos trascendiendo el concepto de bueno/malo y todos los antiguos patrones.

Utilizar esa palabra es todavía más poderoso si nos referimos a nosotros mismos. Cuando asumimos la responsabilidad de todo lo que nos sucede y de lo que atraemos, consciente o inconscientemente, vamos más allá de nuestro ego, más allá del juicio y del victimismo. Si aceptamos que, tal como la física nos enseña, toda acción genera una reacción, que no es ni buena ni mala, estamos elevando nuestra vibración y nuestra conciencia. Nos ponemos por encima de los conflictos interiores que nos llevan a juzgar y a juzgarnos, los superamos, los trascendemos, vamos hacia el desapego. Es cierto que nos parece más difícil tomar la responsabilidad de nuestra vida cuando creemos que nuestros problemas están causados por otros. Cuando tomamos conciencia de ciertos conflictos antiguos a veces nos quedamos allí, a veces el dolor es tan grande que nos anula la racionalidad y el sentimiento, lanzándonos hacia un pozo negro de rabia y resentimiento, emociones que envenenan el alma y el cuerpo. Si dejamos espacio y no ponemos límites a estas emociones, se expanden como un cáncer dentro de nosotros, secando y marchitando lo que queda de amor en nuestro corazón. Así de poderosa es la culpa cuando la incubamos adentro y la alimentamos con el victimismo. Cuanto más espacio le demos más difícil será transformarla.

Si pensamos en cambio que todo cuanto nos sucede es una respuesta a nuestra propia energía, pensamientos y palabras, si aceptamos que las cosas no son ni buenas ni malas, sino que son, y ya está, todo cambia de sentido, de significado, todo se transforma en neutro. Entonces en un estado neutral es más fácil ocuparse de este resultado que queremos transformar. Si algo no nos gusta, no lo vamos a cambiar a través del resentimiento y el victimismo, sino a través de la aceptación y el desapego, dos conceptos que van de la mano con el amor. Nos puede ayudar mucho pensar que hemos venido a esta tierra por nuestra propia elección.

Tal y como afirman la mayoría de las filosofías orientales, somos almas inmortales que reencarnamos una y otra vez en diferentes formas, para poder experimentar la vida en todos sus aspectos y sus facetas. Nuestra alma tiene un camino bien definido y la experiencia en tercera dimensión, en una realidad física y con un cuerpo físico, solo es una parte de este camino. Cuando decidimos cuál es el próximo peldaño en la escalera de la evolución como alma, diseñamos nuestra próxima vida en todos sus detalles: decidimos dónde, cómo y cuando nacer, decidimos nuestra familia y nuestros amigos, decidimos todas las experiencias que viviremos con todos los detalles. Si la experiencia que estás viviendo en la tierra no es de tu agrado, piensa que antes de nacer, decidiste esta misma experiencia para tu evolución y porque era necesario. El sufrimiento es algo puramente humano, así como el juicio.

Quieras o no aceptar este concepto, es un hecho que si te liberas del juicio y trasciendes la culpa tu vida cambiará por completo, el sufrimiento se aliviará cada vez más y te sentirás más libre; así como es un hecho que puedes comprobar en tu día a día, que si sigues en el rencor, el resentimiento y el juicio, tu vida se hace más difícil, más triste y más pesada. Entonces cuando te decides a tomar la responsabilidad de todo cuanto acontece a tu alrededor y en tu vida, tomas las riendas de ella, te aceptas por tus acciones y no las juzgas, elevas tu vibración y evolucionas, trasciendes el ego. Además recuerda que si tú eres la/el responsable de tu vida, siempre puedes cambiar tus pensamientos, palabras y acciones para obtener un resultado diferente. Si la culpa es del otro, no puedes hacerlo, porque no se pueden cambiar a los demás.

Te invito a reflexionar en todas las veces que dijiste “es culpa de…” o “todo por mi culpa” y conectar con aquella emoción que te generó, recordar las consecuencias que ese pensamiento tuvo e intentar transformarlo, encontrando nuevas opciones y nuevas vías para cambiar el juicio en amor. En la vida todo es cuestión de elección, el líber albedrío nos hace libres como seres humanos. Tenemos el poder de construir nuestra vida a través de la elección y sin embargo no somos conscientes. Cuando nos sentimos listos para usar este poder es cuando empezamos a transformar nuestra vida y a evolucionar de verdad. No importa cuánto tardemos y cuánto suframos en el camino, si nuestro objetivo es nuestra felicidad interior el camino en sí es nuestro aprendizaje, la toma de conciencia es el primer logro y la evolución de nuestra alma es la meta última.

Lorena Giocasta

Energía y emoción

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