Más lo intento, menos me sale. Porque?

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Hay veces en la vida en las cuales nos estancamos en una situación que queremos cambiar a toda costa, o en las cuales queremos pegar un cambio de rumbo para sentirnos mejor o diferentes. Pero sin embargo cuanto más lo intentamos, más nos estancamos y bloqueamos. Entonces entra una gran frustración y un sentimiento de impotencia y fracaso…y a veces de autoconmiseración. Porque no me sale? Porque no lo puedo cambiar? Que pasa conmigo? Porque el Universo no me escucha?

Para un momento! Vamos a entender bien que es lo que pasa cuando intentamos e intentamos con toda nuestra “fuerza” algo que no va como “deseamos“. Lo vamos a entender desde un punto de vista energético. Nuestro cuerpo energético está compuesto por muchos centros focales y canales energéticos que son los responsable de absorber, distribuir y expulsar la energía que adquirimos a través de la comida, la bebida, la respiración y las energías ambientales y astrales. Nuestra energía en su totalidad se modifica, se equilibra o desequilibra, se rompe o se sana, fluye o se estanca, debido a múltiples factores. Uno de los más importantes sin duda son las emociones. El mundo emocional incluye también la actitud, el pensamiento y la intención. Estos tres factores son capaces de modificar nuestro estado energético de una forma tal que pueden llegar a provocar incluso enfermedades.

Cuando intentamos algo con mucho ahínco la mayoría de las veces lo hacemos con “fuerza” y con “deseo“. Pero que suponen estas dos actitudes? La fuerza de animo sin duda es una cualidad muy útil y honorable. Pero no confundamos la fuerza de animo con la fuerza que utilizamos cuando queremos que algo salga “si o si!”. Este tipo de fuerza no es más que una resistencia a un natural fluir de los acontecimientos. Seguros que somos tan sabios como para darnos cuenta de cuando la vida nos está diciendo que no, aunque lo intentemos mil veces. Esta resistencia automáticamente crea un bloqueo energético, no solo en nuestro cuerpo sutil, sino también en la energía del ambiente que nos rodea y de los acontecimientos que nos protagonizan, pasiva o activamente. Si algo se resiste, no fluye, es un hecho. Si pones una presa en un río, el agua se parará debido a la resistencia de la barrera y dejará de fluir, creando así el estanque o el lago. Asimismo funciona la energía. Pero cuidado, eso no quiere decir que tengamos que renunciar a nuestro objetivo, sino que a veces lo que tenemos que cambiar es la actitud, la dirección en que nos estamos moviendo o la manera de hacer las cosas.

Y que pasa con el deseo? El deseo es igual a “apego” y esto crea una necesidad. La necesidad se basa en una carencia. Deseo algo porque lo necesito, porque no lo tengo. Eso no solo es una resistencia, sino que se basa en una carencia vital ligada a experiencias vividas, que han dejado una determinada huella emocional en cada uno. Por ejemplo: “Deseo cambiar de casa, porque mi casa no me gusta. Estoy mal en ella y necesito una casa más grande, más bonita o en un barrio más chulo. Porque cuando era pequeña siempre he vivido en una casa pequeña, vieja, fría y ruinosa. Odiaba esa casa y no pude irme hasta que independicé. Pero no hay manera de encontrar una casa nueva para mi, aunque lleve meses intentandolo”. Esta necesidad está ligada a una experiencia traumática que conlleva una serie de heridas emocionales y estas crean un deseo basado en esta necesidad. No encontraré una nueva casa hasta que no sane estas heridas y no empiece a aceptar mi actual morada, aunque me parezca fea.

Para trabajar el apego, la aceptación es un buen punto de partida. Si consigo aceptar que las cosas son como son, ni buenas ni malas, puedo empezar a desprenderme de mi deseo. Aceptar la realidad no significa someterse pasivamente al destino, sino aprender a desarrollar la sabiduría para entender que no somos dueños del universo, sino parte de un todo mayor que podemos transformar solo desde el amor. Amor y aceptación van de la mano. Así como aceptar al otro es aceptarme a mi mismo, aceptar los hechos es aceptar que yo he contribuido a que sucedan, de forma consciente o inconsciente, y así como los he creado los puedo transformar.

Es básico en todo este proceso creer que podemos hacer esto, creer que podemos dejar de luchar, fluir, aceptar y transformar así nuestra realidad. Podemos porque este es el natural funcionamiento de la naturaleza, podemos porque tenemos un gran poder dentro de nosotros, que a veces aun desconocemos. Intentarlo es ver los resultados y ver resultados nos empuja a seguir fluyendo y aceptando, desde el amor y la confianza. El universo siempre nos escucha, hay que sintonizar la frecuencia, hay que ver que mensaje le estamos mandando! Equilibrar nuestra energía corporal, transformar nuestra actitud y trabajar nuestro interior puede sintonizarnos con la frecuencia correcta!

 

Lorena Giocasta

Terapeuta energético-emocional.

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